El valor real de Bitcoin

Aunque la criptomoneda no florezca como divisa su tecnología subyacente sugiere nuevas y valiosas aplicaciones.

Bitcoin, una moneda únicamente digital, no cuenta con el respaldo de ningún producto ni está regida por ningún banco central, pero existe porque un pequeño número de seres humanos ha elegido creer en su legitimidad.

Su creador (o, más probablemente, creadores), que utiliza el seudónimo “Satoshi Nakamoto”, la trajo al mundo en 2009, y no sólo describió cómo funcionaría la, así llamada, criptomoneda, sino que estableció una implementación funcional completa. El software original tenía todas las características de una broma o truco: una gran broma pesada con efecto metástasis gastada por inteligentes codificadores ciberlibertarios a todos los que ponen su fe en las monedas oficiales (es decir, respaldadas por un gobierno).

Más tarde empezaron a surgir creyentes. Hoy día hay miles de personas leales a la ideología y las oportunidades que Bitcoin representa. Se imaginan un mundo donde las economías sean menos dependientes de los bancos y los gobiernos, y están utilizando Bitcoin, a veces, de formas disruptivas.

La moneda tuvo unos comienzos difíciles ya que se convirtió en el medio de cambio para transacciones de drogas ilegales en Silk Road, aunque ese enorme mercado de narcóticos fue cerrado en octubre pasado y su fundador fue arrestado. De hecho, la moneda parece más o menos respetable. Puesto que Bitcoin es esencialmente un tipo de registro de transacciones, donde las transacciones pasadas son públicas y todo el mundo puede consultarlas, resulta de gran interés para los fiscales, que se refieren a las monedas como “valores futuros de acusación“. El año pasado, incluso el presidente de la Reserva Federal de EEUU, Ben Bernanke, la respaldó con cautela.

Puede que Bitcoin se convierta o no en una moneda de uso común. Como forma de dinero, es un medio establecido de intercambio, pero hasta el momento ha sido una mala reserva de valor. Más del 60% de las bitcoins creadas no se han utilizado: están siendo acaparadas especulativamente (no es de extrañar, ya que el valor de una bitcoin individual, que era menos de un dólar, o 0,73 euros, en enero de 2009, estaba en alrededor de 932 dólares, o 679 euros, a principios de febrero). Esas monedas no utilizadas podrían inundar el mercado en cualquier momento, deprimiendo su valor. Incluso ahora, el valor de una bitcoin fluctúa enormemente.

Pero, aunque podría ser una ilusión imaginar que Bitcoin se convierta en una moneda verdadera, sí que es una tecnología altamente funcional y efectiva. El “protocolo de cadena de bloques” de Bitcoin está construido en base a unos estándares de cifrados bien entendidos y establecidos, y permite una perfecta certeza qué transacciones se han producido y cuándo. El documento original de Nakamoto es admirablemente claro. Las implementaciones gratis y abiertas de software, tal y como hemos aprendido tras el inmenso éxito del world wide web abierto y Linux, triunfan sobre todo lo demás.

Dinero desde la nada

En general, ¿qué se puede hacer con bitcoins o con criptomonedas? Por supuesto te las puedes gastar. También puedes guardarlas en una “billetera” digital. Pero mientras que la moneda oficial es acuñada por una entidad soberana de algún tipo, tú puedes crear dinero digital nuevo. De hecho, es la única manera en que se puede crear la moneda. El proceso, llamado “minería” en el lenguaje de Bitcoin, consiste en ejecutar repetidamente una función matemática intensa a nivel computacional (llamada función hash criptográfica) en un conjunto de entradas provistas al azar hasta que aparece un patrón específico. Muchos ordenadores compiten por resolver la misma función, pero por lo general sólo gana uno. Los resultados se publican en internet para que sean vistos por el resto de la red Bitcoin. Para crear escasez, el sistema Bitcoin está diseñado para que con el tiempo la función se vuelva más y más difícil de resolver (y por lo tanto requiera más recursos computacionales). El número de bitcoins recibidas como recompensa se ​​reduce a la mitad a intervalos fijos. Después de que se hayan creado 21 millones de monedas, la minería se detiene y no se pueden crear más. Esto hace que muchas personas se ponga a ello de inmediato, a menudo usando costosos y especializados “equipos de minería”.

Hay otras formar de participar en la criptoeconomía. Algunas personas han generado lugares de intercambio, y otras han creado sitios web que hacen un seguimiento de toda la historia de las transacciones de cada moneda o fracción de una moneda. Y hay otras que han creado sitios web de juegos de azar, como Satoshi Dice, que permite apostar de forma automatizada y algo extraña.

Si Bitcoin ya te provoca hastío, hay alternativas. Litecoin es una versión de Bitcoin que puede ser generada con ordenadores normales. Dogecoin es una variación de la idea de Litecoin que recibe su nombre de un meme de internet en el que sale un orgulloso perro Shiba Inu. La divisa está causando furor, y recientemente se recaudaron 30.000 dólares (21.900 euros) en Dogecoins para enviar al equipo de trineo de Jamaica a los Juegos Olímpicos de invierno 2014. Actualmente existen centenares de dichas monedas, como TeslaCoin y ElephantCoin. Se diferencian en los algoritmos de hash (o de resumen) que utilizan, el número de monedas que se ponen a disposición a lo largo del tiempo y otros detalles. Cada uno de ellas espera encontrar un buen lugar dentro del emergente mercado global de criptomonedas.

Lo más interesante es que las criptomonedas pueden utilizarse para fines distintos a los que cumplen las monedas convencionales. Por ejemplo, Namecoin es un sistema utilizado para crear e intercambiar nombres de dominio: las monedas contienen información acerca de los propios nombres de dominio. Recordemos que el mercado de los nombres de dominio genera cerca de 3.000 millones de dólares (21.900 millones de euros) en ingresos al año, y es un buen ejemplo de recurso digital raro y escaso. Por otro lado, Bitmessage es una plataforma de mensajería inspirada en Bitcoin que permite la comunicación anónima (o al menos bajo seudónimo). Lo que Namecoin y Bitmessage tienen en común es que permiten añadir datos a la transacción, por lo que el intercambio no sólo sea de valor percibido, sino también de información.

Hablemos ahora del arte digital. El socio de la consultora de arquitectura empresarial Thematix, Larry Smith, quien además es analista de larga experiencia en publicidad y finanzas digitales, nos pide que “imaginemos objetos digitales que no se puedan reproducir”. Si uniéramos un identificador de moneda a una imagen digital, según Smith “podríamos decir que se trata de una entidad digital única e irrepetible”. Los medios en internet, donde hacer copias e intercambiar sin límite se ha convertido en una pesadilla para los derechos de autor, de pronto serían algo único, con una identificación permanente y conectados a un valor monetario sin ambigüedades.

Smith cree que las criptomonedas tendrán un amplio abanico de aplicaciones en los negocios y la cultura, entre ellos la banca y la publicidad en línea. Para los bancos, Bitcoin es “sólo una nueva fuente de dinero”, sugiere. “Los bancos están hambrientos por hacer avanzar su valor a través de la tecnología”. Es fácil imaginar, por ejemplo, una HSBCoin, o BarclaysBucks, proporcionando a los inversores que quieran elegir entre distintas monedas la posibilidad de usar los servicios de una marca financiera de confianza.

¿Y qué decir del enorme motor de generación de ingresos de la publicidad en línea? Los anunciantes pagan por alcanzar a un público en línea de gran valor para lo que emplean una variedad de tecnologías, muchas de las cuales son sorprendentemente ineficaces. ¿Podrían servir de ayuda las criptomonedas? Smith nos pide que imaginemos que una marca como Dunkin’ Donuts quisiera crear un programa de fidelización. Imaginemos que esa marca crea su propia moneda: los DunkinDólares. Finalmente, imaginemos una campaña de publicidad en línea donde las personas que hayan hecho clic en un anuncio reciban monedas virtuales. Se podrían distribuir pequeñas cantidades de dinero sin fricción. Si las grandes marcas pudieran crear su propia moneda y permitir a las personas participar en este mercado, podrían crear consumidores que estuvieran realmente involucrados en todos los sentidos.

Toda la red de publicidad de pronto se convertiría en un lugar más interesante. Antes parecía que los anuncios iban a cazarte, pero ahora eres tú quien tiene motivos para ir a su caza. Las monedas que ganaras podrían ser canjeadas por artículos de marca, pero también podrían ser intercambiadas en un mercado abierto, como una especie de acción. “Hay que pagar a los consumidores por los clics y las adquisiciones”, señala Smith para definir este nuevo tipo de modelo.

La idea de pagar a la gente por ver anuncios se probó durante el último boom de internet (por start-ups como AllAdvantage, “la punto.com más tonta del mundo”, según CNN Money, y el infame FreePC). Y monedas virtuales fallidas como Beenz y Flooz han sido precursoras del éxito de Bitcoin. Pero podría haber ventajas al intentarlo de nuevo con las nuevas criptomonedas: ofrecer más valor a los consumidores podría hacer que la idea funcione esta vez. Ahora mismo, el modelo de cookies para el seguimiento en internet es el dominante; los anuncios son sólo objetos multimedia. Pero el software de minería de criptomoneda, escrito en Java-Script, ha sido demostrado ejecutándose en un navegador web, y la tarea de minería se puede dividir y hacer en paralelo. Por tanto, un anunciante podría tratar los anuncios como si fueran software ejecutable, creando un superordenador grupal con miles de millones de nodos. Al interactuar con un anuncio, el usuario podría ganar dinero virtual, al mismo tiempo que contribuye a la minería y la verificación de las transacciones en la red. Tal vez el futuro de la publicidad implique una nueva serie de actividades para los consumidores, hasta ahora desconocidas.

Una economía posterior a la escasez

Ampliar la banca, crear arte digital único, reinventar la publicidad en línea: estas son sólo algunas de las cosas que Bitcoin podría hacer. La comunidad de capital de riesgo ha percibido estas oportunidades y ha entrado en un estado de excitación alucinatorio sobre las criptomonedas, que tiene como principal impulsor al cofundador de Netscape y la firma de riesgo Andreessen Horowitz, Marc Andreessen.

Y, sin embargo, estas aplicaciones parecen prosaicamente reducidas en comparación con las afirmaciones más enfervorizadas de los entusiastas ciberlibertarios de Bitcoin. (Según un video en bitcoin.org, “Bitcoin está cambiando las finanzas de la misma forma en que internet ha cambiado las publicaciones”, una afirmación que sólo convence a aquellos que han disfrutado de las molestias de los medios de comunicación tradicionales). Sin embargo, quizá resida ahí la cosa: para tener éxito, Bitcoin tendrá que ofrecer una utilidad real para los mercados existentes. Las últimas dos décadas han impulsado una economía post escasez, donde infinitas copias de atractivas cosas digitales tienen un precio cercano a los cero euros. Tal vez haya sido sólo un momento pasajero que algún día recordaremos con asombro una vez que las limitadas monedas fuercen la escasez. Una vez que el dueño de una obra de arte digital pueda mirarla con satisfacción y saber con total certeza criptográfica que, puesto que ha pagado por ella, le pertenece a él y a nadie más.

Fuente: MIT Technology Reviewhttp://www.technologyreview.es/read_article.aspx?id=44854

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